libelulario

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Es casi la una de la tarde, no estaremos mucho tiempo en el hospital; es una visita de chequeo para asegurarnos que la paciente coma, llevo una botella con agua de coco de las que tanto le gustan escondida en el bolso. Es el primer acto delictivo que intento hacer en aquella visita, ya que en ese lugar no permiten el acceso con alimentos.

El seguro social es un lugar lúgubre, un monstruo de pasillos, tragaluces, iluminación artificial y un pequeño jardín de tres por tres con el acceso prohibido. Entramos como si nada y como si todo, con pasos rápidos y vacilantes. Veo de reojo a la señora policía de la entrada: ceño fruncido, espalda ancha, hombros gruesos y pelo relamido que termina en cola de caballo a la nuca, (me parece un poco marimacha) nos detiene con un grito chillante que deja entrever que algo estamos haciendo mal: —Sólo puede pasar uno -nos dice-. Le hago una seña a José para que pase él, después de todo es su madre, le doy mi bolsa (ahí llevo de contrabando el agua de coco). Me quedo afuera de los gruesos barrotes grises, miro a mi alrededor: una horda de siete señoras rechonchas parlotean entre sí, puedo ver que son expertas en el arte de hospitales, ya que vienen armadas con papel de baño, almohadas, papas fritas y revistas, frente a mí está una pareja de viejitos que me recuerda a mis abuelos y a mi lado derecho otra pareja de mediana edad con dos adolescentes; ellos son mis compañeros de banqueta, todos estamos esperando.

 Volteo al cielo, no hay nubes y se siente el bochorno del medio día, de pronto escucho un cuchicheo a mis espaldas: —¡Le hablan a la señorita! –comenta la horda de señoras-, volteo y es José haciéndome señas con la mano hacia la entrada y diciendo en voz alta: —Dile que vienes a la cama 66 con María del Rosario. Ante la mirada atenta de mis compañeros de banqueta esperando mi reacción, volteo hacia la caseta para ver a la policía marimacha quien no me ha perdido de vista ni un solo instante, ahora me parece un rinoceronte gris, enojado, de ceño fruncido que lee mi mente y sabe lo que haré. José insiste. Paso de largo al rinoceronte. Un grito tras de mí: —Sht, sht, ¡Señorita…!

Primer logro desbloqueado, pasé la primera puerta, siento alivio. Camino por un pasillo largo, estrecho, hay una fila de sillas de plástico amarillas, personas llorando, luz artificial. José pasa a mi lado, roza mi hombro izquierdo con su camisa blanca y murmura: —Dile lo mismo a la siguiente policía… Se adelanta unos pasos, voy detrás de él y llego a un escritorio con otra señora policía marimacha:

— ¿A dónde va? -me dice-.

— Cama 66 –respondo-.

Toma su radio negro y señala:

—Dice que va al 66, no al 64.

Identifico la voz chillante del primer rinoceronte respondiendo al llamado:

—No es cierto, viene con un muchacho de blanco, vienen juntos, no la dejes pasar…

José regresa y me dice: — ¡Vente! Lo sigo con dos pasos cortos y me detiene la señora policía con el radio en mano:

—  No puede pasar viene con ese muchacho a ver a la paciente de la 64 –afirma-.

—  Qué no, ya le dije que yo vengo a la 66.

—  Entonces ¿por qué le está hablando el muchacho? (me dice con una sonrisa triunfante como si hubiera resulto un caso de los de CSI NY.) No puede pasar, salga o llamo a seguridad.

Insisto, total ya estoy ahí:

— Ándele ¿No me va a dejar pasar? (Hago un puchero)

 —No, a parte ni son horas de visita. –finaliza-.

Luz artificial, personas llorando, fila de sillas de plástico amarillas, pasillo estrecho y largo… llego a la reja de barrotes grises que se abre automáticamente para que salga, rinoceronte marimacha me ve con cara de triunfo y yo levanto ligeramente mi dedo de en medio y me paso la mano por el pelo. Mis compañeros de banqueta me observan un momento con cara de desaprobación, creo que piensan que soy una novata en el arte de hospitales, pasan trece segundos y luego se disponen a seguir platicando ente ellos. Me quedo ahí mirando al cielo sin nubes, es la una con treinta y cuatro minutos, me tomó poco más de media hora fallar en el primer intento de colarme en el seguro social. Al poco rato sale José, sonríe y me dice al oído: mi madre cree que necesitas un curso de sagacidad para eludir policías. 

Te voy a contar de mi persona favorita,
                    que es mi número, color, animal o cosa favorita también.
                    Es un chico blanco, transparente de piel y sentimientos

con dedos largos que parecen una melodía de violín.

                                 Tiene la voz grave, igual que las ganas de vivir.

Le gusta la música bien hecha, aunque no sé qué carajos signifique eso.
                                          Él sabe de lo que habla, 

                                          porque de eso se trata su vida.

Le gustan las personas sonrientes/ los perros/ el mar los días calurosos con cerveza/ chuparse el labio/ tocar orejas/ los amigos/ su familia/ se ríe a carcajadas/ acurrucarse/ tocar el bajo/ las buenas conversaciones/ y yo, bendita vida, también le gusto yo. 

Tiene un corazón bien grande,

                                             donde cualquiera que se lo merezca: entra.

                                             Hace un par de años me dejó entrar a mí y                                              formar parte de sus sonrisas.

                                             Desde entonces, me llena el mío de vida.

Hoy las velas del pastel apuntan hacia él, 
Hoy es su cumpleaños y me permito escribirle
Porque mis dedos siempre hablan de él.
Hasta cuando no.

                             Felicidades, compañero de viaje.
                             No hablo de que hoy cumplas años
                             escribo de cuando cumples sueños, 
                             de todos los que vamos a cumplir


                                                    Y de que me cumplas muchos más.

                                                                                           @libelulario

Me topé en el baño con la soledad; la nostalgia sigue arranada en el sofá; la suerte está echada, en mi cama; la tristeza y la alegría buscan sobras de comida en el refri. Los domingos andamos todas en pijama, deambulando por la casa.

Grité su nombre a los cuatro vientos
Tomé su vida entre mis cinco dedos
Me dieron las seis esperando a que llegara,
y ahora lo extraño los siete días de la semana.

@libelulario

Fui a la cafetería de mi escuela y escuché que algunos maestros platicaban sobre lo estúpido que es Peña Nieto al mencionar en su discurso del 5 de mayo, que la batalla de Puebla fue en 1995; la referencia que utilizan tiene como base un video que circula en youtube con una duración de 40 segundos. Mi pregunta es: ¿Escucharon todo el discurso o sólo esos 40 segundos? ¿Están seguros que es auténtico el error o sólo lo suponen porque ahí menciona “1995” y pues todos lo andan diciendo? Porque somos maestros, y antes de opinar uno debería estar consciente del impacto de nuestras palabras para con los demás.
En lo personal, no me gusta EPN, ni siquiera voté por él, pero tampoco me gusta la desinformación, porque eso genera y promueve el victimismo que caracteriza a la sociedad mexicana.

El amor eterno dura una mirada, un pensamiento, una flor silvestre, un olor a hierba, una tarde, una noche.

una caminata junto al mar

una cena

un secreto

un amante, absorto, a medias, pero amante.

Un puente de miradas de corazón a corazón,

un amor eterno es de esos innombrables, temibles, temblorosos, incontrolables, pesados, austeros, presentes, ausentes e inconsumable.

Un amor que cuando levantas el frasco de la mesa, vuelan las libélulas,

un amor hipnótico

atrapa sueños

cuidador, sanador.

En fin, un amor al que nunca tengas que entregarle nada, guardado, agazapado, expectante, para ti.

Para tu ego, para tu gloria, para que lo sepas, para que lo ignores, para que lo partas, para que no duela. Que lo veas a tu costado, inerme, platónico y tuyo, completamente tuyo.

Libelulario

La primavera no hizo ruido al llegar, entró de puntitas y nos tomó por sorpresa. No me dí cuenta del cambio de estación;  sé que es primavera porque cuando me toca, me crecen flores. 

No hizo falta que llegara marzo, usted siempre tuvo la primavera en los ojos y sus palabras brotan como flores; pero el tiempo, he visto volar al tiempo, tiene alas de libélula; preciosas, precisas y con un sólo día de vida a la vez.

El tiempo tiene alas y yo sólo tengo un par de pies; aún así no me alcanza. Una vida no me alcanza para tantos ojalás, para todas las primaveras y para todas las estaciones que yo quiero pasar con usted: verano, invierno, las de cualquier andén, todas. 

Porque de todas las estaciones

Usted

Es mi favorita.

¡Que bonito escribes!
libelulario libelulario Said:

Ay, son cosas bien chiquitas, pero gracias, aprecio mucho tu comentario. :)

Uno no elige su pasado, ni sus recuerdos, ni las huellas en la memoria, o quizá sí. Hay detalles del pasado que parecieran una vida entera y se guardan tan celosamente que si algún curioso se atreviera a mirarlos de reojo, saldría de ahí rápidamente, apenado y sin hacer ruido para que nadie se diera cuenta de lo que acaba de ver.

Respeto las vidas pasadas; pero resulta que la vida presente decidió no tener secretos y algunas veces me he encontrado con desconocidos que fueron sus conocidos y sólo los miro pasar, no me atrevería a interrumpir su camino, eso no me corresponde.

Sin embargo, en ocasiones las vías de los trenes se cruzan y te toca cederles el paso para no chocar, el tiempo es relativo y también las respuestas.

Por cierto, ayer olvidé escribir un último mensaje a la conversación que tuve con su pasado, la escribo aquí por si nada o por si todo: no te preocupes tanto, que por acá todo marcha bien.

Uno de estos días no contestará tu llamada. Uno de estos días te va a dejar en visto. Uno de estos días llegará tarde o peor aún, no va a llegar.

Uno de estos días no se le dilatará la pupila cuando te vea bajar la escalera. Uno de estos días le sonreirá a otra chica. Uno de estos días no le causará gracia tu chiste. Uno de estos días no va a tener ganas.

Uno de estos días verás la complicidad con chicas del pasado que ahora te resultan zorras.

Uno de estos días lo verás bostezar y fijar su atención en otra cosa que no es tu plática. Uno de estos días… 

Pero hoy, seguro que te dejarás besar como si hubiera un para siempre.