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El amor eterno dura una mirada, un pensamiento, una flor silvestre, un olor a hierba, una tarde, una noche.

una caminata junto al mar

una cena

un secreto

un amante, absorto, a medias, pero amante.

Un puente de miradas de corazón a corazón,

un amor eterno es de esos innombrables, temibles, temblorosos, incontrolables, pesados, austeros, presentes, ausentes e inconsumable.

Un amor que cuando levantas el frasco de la mesa, vuelan las libélulas,

un amor hipnótico

atrapa sueños

cuidador, sanador.

En fin, un amor al que nunca tengas que entregarle nada, guardado, agazapado, expectante, para ti.

Para tu ego, para tu gloria, para que lo sepas, para que lo ignores, para que lo partas, para que no duela. Que lo veas a tu costado, inerme, platónico y tuyo, completamente tuyo.

Libelulario

La primavera no hizo ruido al llegar, entró de puntitas y nos tomó por sorpresa. No me dí cuenta del cambio de estación;  sé que es primavera porque cuando me toca, me crecen flores. 

No hizo falta que llegara marzo, usted siempre tuvo la primavera en los ojos y sus palabras brotan como flores; pero el tiempo, he visto volar al tiempo, tiene alas de libélula; preciosas, precisas y con un sólo día de vida a la vez.

El tiempo tiene alas y yo sólo tengo un par de pies; aún así no me alcanza. Una vida no me alcanza para tantos ojalás, para todas las primaveras y para todas las estaciones que yo quiero pasar con usted: verano, invierno, las de cualquier andén, todas. 

Porque de todas las estaciones

Usted

Es mi favorita.

¡Que bonito escribes!
libelulario libelulario Said:

Ay, son cosas bien chiquitas, pero gracias, aprecio mucho tu comentario. :)

Uno no elige su pasado, ni sus recuerdos, ni las huellas en la memoria, o quizá sí. Hay detalles del pasado que parecieran una vida entera y se guardan tan celosamente que si algún curioso se atreviera a mirarlos de reojo, saldría de ahí rápidamente, apenado y sin hacer ruido para que nadie se diera cuenta de lo que acaba de ver.

Respeto las vidas pasadas; pero resulta que la vida presente decidió no tener secretos y algunas veces me he encontrado con desconocidos que fueron sus conocidos y sólo los miro pasar, no me atrevería a interrumpir su camino, eso no me corresponde.

Sin embargo, en ocasiones las vías de los trenes se cruzan y te toca cederles el paso para no chocar, el tiempo es relativo y también las respuestas.

Por cierto, ayer olvidé escribir un último mensaje a la conversación que tuve con su pasado, la escribo aquí por si nada o por si todo: no te preocupes tanto, que por acá todo marcha bien.

Uno de estos días no contestará tu llamada. Uno de estos días te va a dejar en visto. Uno de estos días llegará tarde o peor aún, no va a llegar.

Uno de estos días no se le dilatará la pupila cuando te vea bajar la escalera. Uno de estos días le sonreirá a otra chica. Uno de estos días no le causará gracia tu chiste. Uno de estos días no va a tener ganas.

Uno de estos días verás la complicidad con chicas del pasado que ahora te resultan zorras.

Uno de estos días lo verás bostezar y fijar su atención en otra cosa que no es tu plática. Uno de estos días… 

Pero hoy, seguro que te dejarás besar como si hubiera un para siempre.

Nunca le he dado un beso, no sé cuál es su comida favorita, no conozco su signo maya o si cree en esas cosas, ni qué hace con las manos cuando está nervioso.

Todavía no sé si su risa es escandalosa como la mía, si le gusta el café o si querrá compartirlo conmigo por las mañanas mientras el día y la rutina se despiertan; no tenemos historia en común, ni recuerdos, ni boletos de cine o de conciertos.

No sé cuál es su cerveza favorita, si tiene fe en el destino o si alguna vez, de pequeño, se perdió en algún lugar. Jamás lo he visto despertar, ni correr, tampoco bailar o ponerse rojo. No tengo idea de la cara que hace cuando algo le sorprende, si le gustará mirar por la ventana, las siestas o viajar.

No sé si le gusta el mar tanto como a mí, si sabe dar masajes de pies  o si alguna vez ha perdido un vuelo, un tren o le han roto el corazón.

Entre todos los nosés que en este momento le dedico, lo único seguro es que está brillando en mi pensamiento, que no dejo de pensar en su sonrisa y en la cita que tenemos el próximo jueves, en el bar que está en el mismo planeta, el mismo país, ciudad y área que nos hizo coincidir el día que nos conocimos.


Le dejó los recuerdos arriba del montón de ropa que estaba en el sofá, no era una despedida, porque las despedidas siempre están rodeadas de esperanza, y aquello era un punto final.

Sintió la dosis exacta de ansiedad por un lado y por el otro el miedo a soltar. Volvió la sensación de pérdida que hace mucho no experimentaba, esta vez como un batir de alas de miles de libélulas que decidieron irse en vorágine desde sus pies hasta el cielo.

Tenía el miedo en la punta de la lengua, fue irracional y gritó, con los ojos llenos de rabia y el corazón cubierto de lágrimas deseó que todos los caminos la llevaran a su casa y no a Roma, sabía que a la mañana siguiente ya no vería su sonrisa en vertical al despertar.

Estaba más perdida que el tiempo, no distinguía si el dolor era por el abandono o porque alguna vez ella fue el amor de su huida, pero esta vez, era el amor el que huía de de ella.

Lo dejó quedarse con sus mejores deseos, siempre le habían pertenecido a él; pero la suerte se la llevó ella. 

@libelulario

Los pies en el suelo, la cabeza en el cielo.

Presentaciones.

Presentaciones.